jueves, 11 de junio de 2009

A DOS SIGLOS DE NUESTRA INDEPENDENCIA 1816-2016

En un día de otoño de hace 444 años, el 31 de Mayo de 1565, Diego de Villarroel fundó la ciudad de San Miguel de Tucumán en el sitio que los aborígenes llamaban Ibatín, distante kilómetro y medio al sur del río Pueblo Viejo.
En la plaza plantó el Árbol de Justicia y en el solar reservado para la Iglesia Matriz, la cruz de quebracho que se conserva en la Catedral actual.
Al año siguiente la ciudad fue designada sede del Obispado de las Santa Cruz del Tucumán en Ibatín, primera diócesis de nuestro país que luego se trasladó a Santiago del Estero.
En 1578 sufrió un devastador ataque indígena, sin embargo sobrevivió ayudada por fuerzas santiagueñas y, según la tradición, por los santos Judas y Simón cuyas imágenes también se conservan en la Catedral.
Y no sólo sobrevivió, sino que se transformó en una próspera ciudad pues gozaba de una ubicación privilegiada tanto por la fertilidad de su suelo como por estar situada a la vera del camino de la Quebrada del Portugués que unía Perú con el Río de la Plata, pasando por los Valles Calchaquíes.
Tenía una activa vida comercial basada en su producción agropecuaria y en sus industrias, la principal de las cuales era la construcción de carretas. Tan importante se volvió la ciudad, que hubo un proyecto de fundar en ella una Colegio de estudios superiores, a cargo de la Orden Jesuita, que finalmente se instaló en Córdoba dando origen a su universidad.
La época dorada de San Miguel de Tucumán se extendió desde fines del siglo XVI hasta las tres primeras décadas del XVII; después la mala suerte se abatió sobre ella: En 1630 estalló la Segunda Guerra Calchaquí y en 1656 la Tercera, lo que obligó a abandonar el camino que pasaba por los Valles a favor de uno nuevo (cuyos lineamientos básicos sigue la ruta nacional Nº 9) que los evitaba, hecho que le quitó a la ciudad su movimiento comercial. Incluso la naturaleza se volvió contra ella pues el río Pueblo Viejo cambió su curso y en 1678 y 1679 se produjeron dos devastadoras inundaciones que arrasaron gran parte del caserío.
La ciudad, aislada del movimiento comercial y semidestruida, languidecía por lo que se hizo impostergable trasladarla a otro sitio. El elegido fue La Toma donde hoy se levanta, situado a 62kms. de Ibatín y por el que pasaba el camino nuevo.
El traslado comenzó el 25 de septiembre de 1685 con el propósito de que el 29, día de San Miguel Arcángel, patrono de la ciudad, ésta ya estuviera instalada en su nuevo sitio.
La ciudad en Ibatín quedó atrás para siempre. Sus ruinas, las más antiguas de población colonial existentes en el país, declaradas Patrimonio Histórico y Cultural de Tucumán, aguardan su recuperación.

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